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domingo, 2 de octubre de 2011

El hombre que respira pádel y pretende mejorarlo






Roberto Gattiker se moja el pelo castaño con agua fría, que corre de la canilla del vestuario. Sacude su cabeza de un lado a otro. Las gotas del chapuzón, que acaba de darse, escurren en el piso. Al mirase en un espejo se da cuenta que tiene 34 años. Igualmente saca una vincha negra de su mochila. Estira el pañuelo y se la coloca en la frente. Acto seguido, le hace un moño detrás de la cien para que quede firme. Toda la ceremonia dura quince minutos. 

Al terminar él se fija en la remera, pantalones cortos y zapatillas que llevaba puesto. Se da cuenta que está preparado. Agarra la pala que estaba en un tablón de madera  y sale a jugar el partido de pádel...
       
Esta cábala la conserva intacta desde chico, cuando practicaba tenis. "Roby", como así lo apodan, decidió a los 19 años cambiar la raqueta a causa de su estado físico: "El tenis lo comencé a hacer profesionalmente. Al cabo de dos años me cansé de tantos viajes y empecé a extrañar a la familia", comenta con sinceridad. La aproximación con una pala ocurrió en tiempos de veraneo: "Mientras estábamos con mi primo en Punta del Este (Uruguay), nos dimos cuenta que se había construido una pista de este deporte. Entonces empezamos a jugarlo", recuerda.
  
El oriundo de San Isidro (provincia de Buenos Aires) entró a este nuevo mundo y se encontró con su pareja ideal: Alejandro Lasaigues. La dupla salió tres veces campeón del mundo (Madrid-Sevilla 1992, Mendoza 1994 y Madrid 1996) y tres por equipos. "Durante cinco años lo ganamos absolutamente todo", resume con una frase la labor colectiva que mantenían. 

El tiempo con Lasaigues no solo le dejó triunfos sino buenos recuerdos. Él rememora aquella oportunidad que jugó un partido de fútbol (antes de una exhibición en Bahía Blanca), se lesionó y posteriormente disputó un cotejo de pádel: "Me dieron una patada y me destrozaron la rodilla...", se toca el sector donde le pegaron. Sigue su relato:"...tuvieron que operarme, me inmovilizaron la pierna y me colocaron una venda que no me permitiría ninguna flexión", agrega. 

Envuelto en esa dificultad mediante, Gattiker entró a un torneo. Los organizadores los aceptaron con la condición de ganar un punto y retirarse. Ese pacto no se cumplió: "Fuimos. Jugué una bola con vendaje puesto, contra Manu Lasaigues y Auguste, y ganamos el tanto. Alejandro me dijo que ya podíamos irnos, pero yo le dije: una bola más, y otra, y otra.....¡Acabamos ganando el campeonato!", se ríe por el final de la tragedia con suerte que vivió.


                                    

   Gattiker en detalle

A lo largo de su trayectoria, el número 84 del ránking Pádel Pro Tour consiguió 11 títulos. Pero siempre tuvo la intención de seguir vinculado con la Asociación Profesional de Pádel argentino: "Quiero darle una mano, de cualquier manera, para que siga profesionalizándose. Quiero apoyarlo estando en la APP o tratando de hacer torneos". Él aspira a conversar con la Secretaría de Deportes: "Hablaría con ellos para que nos apoyen, porque esta disciplina muy representativo de Argentina", sostiene. Hasta pretende cambiar algunos conceptos: "Se necesitan tres cosas: un circuito profesional, buenas instalaciones y difusión", plantea.      

La mención anterior "quiero darle una mano" también se concretó cuando él inauguró un club, a su nombre, para la práctica de este deporte en Chaco. A su vez, dictó una clínica para todo público en Córdoba y Santa Cruz. 

Su cuerpo le dirá cuando retirarse definitivamente.  Él se divierte con lo que hace y eso "es lo más importante". El motor anímico que le permite seguir a pesar de  la edad es la "alegría y la diversión de la manera que lo hace: "Cuando no me divierta más, lo dejo", confiesa.

Roberto Gattiker terminó de jugar su partido. Se ducha y decide no quitarse la vincha. La cábala la sostendrá durante el resto de su vida.




                                                                                                        SIEMPRE PICA ADENTRO 

lunes, 22 de agosto de 2011

El rey del carisma y la humildad

El argentino Juan Martín Díaz sabe que es número uno del Pádel Pro Tour (Circuito Profesional más relevante a nivel mundial) con 2.245 puntos. A él los periodistas le preguntan cuál es la sensación de ocupar ese lugar privilegiado. Su respuesta es la siguiente: "Nunca me imaginé estar ahí. Yo no pienso que soy el mejor de este deporte, no me creo nada de lo que dicen", exclama y luego sonríe de par en par para suavizar el momento. 

El hombre oriundo de Mar del Plata tiene el pelo castaño y ondulado. El no le interesa que su look esté desparejo. Lo que le preocupa (entre comillas) es el orificio sin cuero cabelludo que tiene detrás de la cabeza: "Con 35 años, me arrepiento de tener menos pelo que cuando era joven. Volvería atrás, ja", se ríe irónicamente. 

El jugador zurdo retomaría su vida desde la década del ´80, donde empezó a practicar tenis: "Yo también jugaba al pádel. Hacia las dos cosas simultáneamente y me encantaban", advertía. Sin embargo dejó de usar la raqueta a causa de que el entrenamiento lo "saturaba". Por eso prefirió la pala y se mudó a España en 1997, porque su padre nació en aquél país.      

El Galleguito, como así lo apodan, lleva en su hombro derecho la mochila de entrenamiento habitual. Él tenía puesto una campera blanca y celeste, igual colores que la bandera Argentina: "No pude debutado en la selección nacional porque no me tuvieron en cuenta". Él contó que la roja y amarilla lo convocó para el mundial de 1998 que se realizó en la ciudad de La Feliz: "Al verme de esa manera, la gente no me insultó pero sí me silbó. Fue raro", dijo asombrado. Encima la final fue entre argentinos y españoles (ganó la visita 2 a 1).

Juan Martín Díaz es reconocido como el mejor de pádel en la actualidad. Parte de su logro alcanzado fue gracias a su compañero y compatriota, Fernando Belasteguin (también número uno): "Nos llevamos bien dentro y fuera de la cancha, compartimos muchas cosas", señaló entorno a la relación de convivencia mutual. Ambos son un equipo unido desde 2002: tuvieron el récord histórico de racha invicta con 1 año y 9 meses. Durante el lapso obtuvieron 23 campeonatos.

Díaz responde cada pregunta siempre antes pensándola. Mientras habla, su frente se arruga formándose líneas horizontales. Él piensa que un torneo de pádel es similar a "jugar un mini ATP de tenis", comparó.

Él sostiene que este deporte, con 31 años de vida, debe "levantar el nivel de enseñanza de juego". Además confiesa que se siente feliz por practicarlo. vivir de ello y disfrutarlo al hacerlo: "Esto es mi vida y esto lo hago lo mejor posible".
    
        
                                                                                                         SIEMPRE PICA ADENTRO