lunes, 5 de septiembre de 2011

Vivir la Segunda Guerra Mundial para mudarse a Argentina

Francesco atiende todos los días el Franco Pádel 


Francesco suelta una carcajada que dura veinte segundos. Su rostro se llena de felicidad y los ojos se le achican: “Me siento más argentino que Argentina”, dice rotundamente. La voz se esparce por el Franco Pádel, donde él es dueño. El hombre apoya los dos brazos sobre el mostrador y sonríe.   

Claro, él no perdió la tonada italiana a pesar de que vino a Buenos Aires en 1967. El tano improvisa con un castellano ambiguo. Repite la palabra “Calabria”, separándolo en dos sílabas. Asocia esa región del sur de Italia y la historia de su vida: “Yo me críe en el campo. En aquel lugar teníamos una quinta”, recuerda mientras mueve los anteojos con la mano derecha y desplaza la otra sobre la cabeza calva.

Francesco vino a este mundo en 1939. Vivía acompañado de los padres y sus seis hermanos (uno de ellos falleció). Todos se ganaban la propina a cuesta de la agricultura.

Sin embargo, su niñez se vio marcada por la Segunda Guerra Mundial que se originó en 1939: “¡Corríamos debajo de las bombas!, porque venían los alemanes y bombardeaban a lo loco”, asegura. La única solución de la familia fue esconderse: “Estábamos cerquita de la ruta nacional y la estación de ferrocarriles. Cuando venían los aviones, sonaba una sirena dentro del pueblo. Nosotros abandonábamos la casa y huíamos a cualquier refugio”, confiesa seriamente. Hubo 70.000 civiles italianos que murieron por bombas lanzadas desde el aire.

Entremedio de la guerra, el señor de 72 años no tuvo tiempo de completar los estudios: “Yo solo hice la primaria. Luego estuve quince meses en el servicio militar de Nápoles.
Un solo hermano pudo estudiar: él se recibió de Ingeniero”, sostiene.

Tras el fin del enfrentamiento bélico en 1945, su padre le contó que conoció Argentina: “Mi papá estuvo tres veces”, agrega. Además supo que José, hermano mayor, visitó el país sudamericano. José le dijo a él que “aquí se vivía bien” y no lo dudó. Se instaló en Monserrat a partir de 1967.

Francesco empezó a trabajar en una carnicería (al lado del pariente cercano) porque “algo sabía” del matadero de vacas. Pasaron 44 años… pero nunca se propuso volver al continente europeo: “Acá me puse de novio, me case y tengo tres hijos”, aclara.

En la década del ´90, él decidió con su hijo mayor comprar un terreno abandonado. Querían darle vida al Franco Pádel: “Compramos una casa vieja en México y Virrey Cevallos, y nos preguntamos ¿qué hacemos?... se nos ocurrió hacer un club de pádel”, recuerda.

El hombre se aleja de la mesada después de estar apoyado durante 22 minutos. Se toca la rodilla izquierda insistentemente: “Me gusta el pádel. Antes lo jugaba, pero tuve un infarto óseo y me operaron de la rodilla. El doctor me dijo que no podía practicarlo más”, afirma mientras atrás se exhiben palas de distinta medida.

Francesco es un hombre jubilado que labura dentro del club. Lo único que le molestaría sería “no trabajar porque los huesos se aflojarían”. Al terminar de contar su experiencia de vida, él se sienta y espera paciente a su próximo cliente. Es conciente de la edad que tiene, pero eso es lo que menos le interesa.   


                                                                                                         SIEMPRE PICA ADENTRO

1 comentario:

  1. Correcciones:
    De esto también hablamos en clase.
    Es una muy buena entrevista/perfil. Pero no una nota de color, que es lo que se pedía.
    El título, debería tener que estar más vinculado con tu blog. Más allá de la particular historia que quieras contar. Tenés que mostrar la relación con tu blog desde el comienzo.
    "Repite la palabra “Calabria”, separándolo en dos sílabas", deberías, vos también, separarlas, para que se entienda como lo hizo.
    Está muy bien redactado el texto.

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